domingo, 16 de junio de 2019

Las predicciones de actividad solar para la próxima década son favorables a la exploración

El 31 de agosto de 2012, un filamento largo de material solar que había estado suspendido en la atmósfera del Sol (la corona) explotó hacia el espacio. Esta expulsión de masa de la corona (una inmensa nube de partículas magnetizadas) viajaba a 1450 kilómetros por segundo. La habilidad de predecir este tipo de fenómenos tiene cada vez mayor importancia ya que NASA se repara para enviar humanos a la Luna bajo el programa Artemisa. Crédito: NASA’s Goddard Space Flight Center.
Los últimos astronautas del programa Apolo tuvieron suerte. No solo porque fueron elegidos para volar a la Luna, sino porque no pillaron tiempo realmente malo de camino. No se trató de un huracán o de una ola de calor sino de meteorología espacial, término empleado para la radiación en el Sistema Solar, la mayor parte de la cual es emitida por el Sol. En agosto de 1972, justo entre las misiones Apolo 16 y Apolo 17, se produjo una tormenta solar que produjo explosiones de radiación peligrosa. En la Tierra estamos protegidos por nuestro campo magnético pero en el espacio esto habría sido muy peligroso para los astronautas.


La capacidad de predecir este tipo de eventos tiene una importancia creciente ya que NASA se prepara para enviar a la primera mujer y al siguiente hombre a la Luna dentro del programa Artemisa. Las investigaciones en curso actualmente pueden haber encontrado un método fiable para predecir esta actividad solar. La actividad solar aumenta y disminuye en ciclos de 11 años. La previsión para el próximo ciclo solar indica que será el más débil de los últimos 200 años. El máximo del próximo ciclo – medido en términos de manchas solares, una medida estándar del nivel de actividad solar – podría ser entre un 30% y un 50% menor que el más reciente. Los resultados demuestran que el próximo ciclo solar empezará en 2020 y alcanzará su máximo en 2025.

El nuevo método de predicción de la actividad solar no se basa en el número de machas solar, que representa de forma indirecta la actividad del campo magnético solar, empleado por los investigadores hasta ahora. Irina Kitiashvili (NASA Ames) y su equipo utilizan observaciones directas de los campos magnéticos que emergen a la superficie del Sol, datos que sólo han existido para los últimos cuatro ciclos solares.https://observatori.uv.es/

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