viernes, 7 de mayo de 2021

El brillo natural de la noche


 Figura1. En la parte superior de la imagen, el Observatorio del Roque de los Muchachos (Garafía, La Palma), tomada en febrero de 2020. La zona inferior refleja el cielo del hemisferio sur desde el Observatorio La Silla (ESO Astronomy), en abril de 2016. En esta composición, la Vía Láctea corre casi verticalmente por encima y por debajo del horizonte. En la mitad superior, Venus está inmerso en la luz zodiacal, que crea un círculo completo a través del cielo estrellado. También se pueden ver Andrómeda y las Nubes de Magallanes. Las cúpulas de los telescopios del observatorio de La Silla, aparecen boca abajo. Esta imagen, firmada por los astrofotógrafos Juan Carlos Casado y Petr Horálek fue Astronomy Picture of the Day (APOD) el 27 de febrero de 2020 (apod.nasa.gov/apod/ap200227.html). Más información e imagen en alta calidad: https://flic.kr/p/2iztCRG


Un reciente estudio analiza datos recogidos en 44 de los lugares más oscuros del planeta, incluidos los Observatorios de Canarias, para desarrollar el primer método de referencia completo para medir el brillo del cielo nocturno natural con fotómetros de bajo coste. De los 44 fotómetros que componen la muestra, el Observatorio del Roque de los Muchachos (Garafía, La Palma) destaca como el lugar más oscuro de todos los analizados.

El cielo nocturno no es completamente oscuro. Incluso en los lugares más remotos existe un brillo del cielo producido tanto por componentes naturales de origen terrestre o extraterrestre, como por emisión de luz artificial resultado de la actividad humana. Aunque las principales fuentes brillantes como la Luna, la Vía Láctea o la Luz Zodiacal son fácilmente reconocibles, existe un resplandor que domina el brillo del cielo en las noches más oscuras, producido en las capas altas de la atmósfera y cuya variabilidad depende de forma compleja de factores como la época del año, la localización geográfica o el ciclo solar.

Los ciclos solares se rigen por periodos de actividad de 11 años. Hablamos de máximo solar cuando la actividad del Sol crece, aparecen manchas en su superficie y la emisión de su radiación aumenta, lo que altera las moléculas de la atmósfera terrestre y se produce un aumento del brillo del cielo nocturno del planeta. Cuando estos eventos son menos intensos, decimos que estamos en un mínimo solar. En 2018 el Ciclo Solar 24 entró en esta fase y, desde entonces, fotómetros TESS instalados por todo el mundo, han recogido 11 millones de medidas que han servido para definir un método de referencia para el estudio de la oscuridad natural con dispositivos de este tipo. Entre los resultados del artículo, que se publicará próximamente en la revista The Astronomical Journal, destaca la “observación sistemática de variaciones de corto periodo (del orden de decenas de minutos u horas) del brillo del cielo independientemente del lugar, estación del año, momento de la noche o actividad solar, y que se ha demostrado, por primera vez con fotómetros de bajo coste, que están asociadas a eventos que se producen en capas superiores a la mesosfera, es decir, al airglow”, explica Miguel R. Alarcón, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y primer autor del artículo.https://observatori.uv.es/el-brillo-natural-de-la-noche/

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