martes, 28 de abril de 2015

¿Puede el sonido ayudarnos a detectar terremotos en Venus?

Ilustración que muestra ondas sísmicas radiando desde un temblor en Venus. Estas ondas se propagan como ondas Rayleigh por las capas de la superficie de Venus y generan ondas infrasónicas que viajan hacia arriba a través de la densa atmósfera de Venus. Estas ondas de sonido de baja frecuencia pueden ser detectadas por un globo (arriba a la izquierda) que esté flotando dentro de las nubes de Venus a una altitud de 55 km donde las temperaturas son similares a las de la superficie de la Tierra. Las ondas infrasónicas penetran en las nubes y alcanzan la alta atmósfera, produciendo variaciones térmicas y excitaciones de moléculas. Estas señales pueden ser observadas por una nave espacial en órbita (arriba a la derecha) con sensores de imágenes en el infrarrojo como un patrón de círculos concéntricos que se expanden. Crédito: Keck Institute for Space Studies (KISS).
Detectar un "terremoto" en Venus puede parecer tarea imposible. La superficie del planeta es una zona hostil de presiones aplastantes y abrasadoras temperaturas - unos 470 ºC, lo suficiente para fundir plomo - que destruirían cualquiera de los instrumentos normales empleados para estudiar la actividad sísmica. Pero las condiciones de la atmósfera de Venus son mucho más hospitalarias, y allí es donde los investigadores esperan desplegar un conjunto de globos o satélites que podrían detectar actividad sísmica venusina, usando sonido.

Estos tipos de ondas de sonido de baja frecuencia o infrasónicas, mucho más bajas que una voz audible, ya se miden en la Tierra. El rumor o "zumbido" puede ser generado por fuentes tan diversas como volcanes, terremotos, tormentas oceánicas y explosiones de meteoros en el aire


En años recientes, según Stephen Arrowsmith, investigador del Laboratorio Nacional de Los Álamos, las observaciones infrasónicas han resurgido especialmente como método barato de monitorización de pruebas de armas nucleares atmosféricas. Pero el año pasado un equipo de expertos reunidos por el Instituto Keck de Estudios Espaciales empezó a pensar en modos de emplear las observaciones infrasónicas para estudiar la dinámica geológica de Venus.

A 50-60 kilómetros sobre la superficie de Venus las condiciones de temperatura y presión son mucho más parecidas a las de la Tierra, aunque con una atmósfera más densa. Esta atmósfera más densa ayuda a convertir las posibles ondas sísmicas en ondas infrasónicas que pueden ser detectadas con instrumentos que flotan sobre la superficie del planeta, afirma Jim Cutts, investigador del Jet Propulsion Laboratory.

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