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| Ilustración que muestra ondas sísmicas radiando desde un temblor en Venus. Estas ondas se propagan como ondas Rayleigh por las capas de la superficie de Venus y generan ondas infrasónicas que viajan hacia arriba a través de la densa atmósfera de Venus. Estas ondas de sonido de baja frecuencia pueden ser detectadas por un globo (arriba a la izquierda) que esté flotando dentro de las nubes de Venus a una altitud de 55 km donde las temperaturas son similares a las de la superficie de la Tierra. Las ondas infrasónicas penetran en las nubes y alcanzan la alta atmósfera, produciendo variaciones térmicas y excitaciones de moléculas. Estas señales pueden ser observadas por una nave espacial en órbita (arriba a la derecha) con sensores de imágenes en el infrarrojo como un patrón de círculos concéntricos que se expanden. Crédito: Keck Institute for Space Studies (KISS). |
Detectar un "terremoto" en Venus puede parecer tarea imposible. La superficie del planeta es una zona hostil de presiones aplastantes y abrasadoras temperaturas - unos 470 ºC, lo suficiente para fundir plomo - que destruirían cualquiera de los instrumentos normales empleados para estudiar la actividad sísmica. Pero las condiciones de la atmósfera de Venus son mucho más hospitalarias, y allí es donde los investigadores esperan desplegar un conjunto de globos o satélites que podrían detectar actividad sísmica venusina, usando sonido.
Estos tipos de ondas de sonido de baja frecuencia o infrasónicas, mucho más bajas que una voz audible, ya se miden en la Tierra. El rumor o "zumbido" puede ser generado por fuentes tan diversas como volcanes, terremotos, tormentas oceánicas y explosiones de meteoros en el aire