domingo, 22 de enero de 2012

EEUU y el código de “honor espacial”

Todo parece indicar que, próximamente será instalada una sólida barrera internacional ante los accidentes de tránsito cósmicos, cuya cantidad crece con regularidad alarmante.

La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, anunció el 17 de enero, que su país está dispuesto a sumarse a Europa en la tarea de la redacción de un Código de conducta internacional en el cosmos. Fuentes de la basura espacial

Hasta ahora EEUU no deseaba, tozudamente, atarse las manos con compromisos con respecto a “normas de conducta” en el espacio sideral. Sin embargo, parece que hoy se ha impuesto el conocido pragmatismo estadounidense.

El mundo contemporáneo es el mundo del cosmos. Sin los sistemas cósmicos es hoy imposible concebir la actividad de cualquier Estado. La televisión, la radio y, obviamente que Internet, son inconcebibles sin los sistemas de comunicaciones satelitales. La red mundial de transporte está ligada en un cien por cien por el sistema de navegación espacial. Y si vamos a hablar de la defensa, las doctrinas correspondientes de las potencias mundiales líderes son militares espaciales.

Esta motivación, propiamente, del nuevo criterio estadounidense con respecto al cosmos fue expuesta también en la declaración mencionada de Hillary Clinton. Según los cálculos más modestos, en el espacio se encuentra más de un millar de ingenios cósmicos funcionando. El grueso de ellos, más de quinientos, son de propiedad norteamericana. Pero la cantidad de la basura orbital ha adquirido dimensiones de veras cósmicas. El informe de la NASA, de EEUU, de otoño de 2011 cita informaciones de veras abrumantes. En la órbita vuelan 12.851 grandes objetos de origen artificial, de los que 3.190 son satélites en funciones y dados de baja y, 9.961 fases de cohetes y otra “basura” variada. La cantidad de partículas de basura espacial de tamaño desde uno a diez centímetros suman más de doscientos mil, mientras la cantidad de las partículas de menos de un centímetro puede superar los diez millones. En tanto, incluso los fragmentos de centímetro son mortalmente peligrosos para los sistemas satelitales y de la Estación Espacial Internacional, EEI.

Resultaría que Hillary Clinton no se inquietó de la noche a la mañana en lo de la conducta espacial. Ahora, los estadounidenses están dispuestos a sumarse a la UE y continuar el trabajo en la redacción del Código en cuestión. Los europeos prepararon ya en 2007-2008 tal proyecto que constituye un código de normas de cumplimiento voluntario, orientado al aseguramiento de todos los tipos de actividad espacial, sin embargo, fuera de los marcos del proceso de desarme. El documento fue presentado en Ginebra en 2009, inmediatamente después de la colisión de un satélite militar ruso obsoleto con uno norteamericano, militar de comunicaciones, perfectamente sano, de la familia de los “Iridium”. Este incidente agregó no menos de ochocientos fragmentos de basura, lo que por cierto es incomparable con las pruebas chinas de armas antisatélites que, en 2007, aumentaron la chatarra espacial inmediatamente en dos mil cuatrocientas unidades. Vamos a confiar que, en los marcos del futuro documento, la inquietud principal será ahora, también de los estadounidenses, la elaboración de medidas para combatir la basura espacial.

Ahora se puede hablar en serio solo de dos métodos para impedir la aparición de nueva basura en el espacio sideral. Uno de ellos es el distanciamiento de la órbita de los fragmentos de los cohetes vectores, con el empleo del combustible que queda a bordo. El segundo método es el deslizamiento de los aparatos espaciales dados de baja a órbitas más altas de inhumación. Según cálculos de los especialistas, el plazo de existencia de tales aparatos en esos puntos de la órbita podría ser de doscientos y más años.

La amenaza de la “militarización del cosmos”

En tanto, los estadounidenses se han mantenido fieles a si mismo, quizás en lo principal que constituye la amenaza real no solo para la actividad espacial misma, sino también para la seguridad mundial en general. Se trata de la militarización del espacio cósmico. Y no es casual en absoluto que Hillary Clinton diera a entender que Washington no suscribirá un Código que, de una u otra manera pueda repercutir negativamente en las posibilidades de defensa del país y de sus aliados. EEUU ha rechazado consecuentemente todas las iniciativas de Rusia y de China contra la militarización del cosmos. En 2001, la cancillería de Rusia propuso comenzar la redacción de un convenio global sobre el no emplazamiento de armas del tipo que sea en el cosmos, el no empleo de la fuerza, o de la amenaza con ella contra los ingenios espaciales, e introducir una moratoria contra el despliegue en el cosmos de sistemas militares hasta el logro de este documento. (Por lo demás, China, que hace algunos años destruyera exitosamente desde la tierra un satélite-diana, puso sobre alerta tanto a los especialistas de EEUU y de otros países).

Difícilmente tal postura de Moscú y de Pekín encuentre eco en EEUU y ello porque, desde los tiempos del programa de Reagan “la Guerra de las galaxias” el espacio sideral ha sido considerado por EEUU como un teatro de acciones bélicas. Hoy día, el programa militar espacial de EEUU está orientado a la elaboración y el despliegue justamente de sistemas cósmicos agresivos. Se trata de los programas de un bombardero hipersónico “aire-cosmos” y del escudo antimisiles. Esta último, al ser desplegado a plenitud es simplemente inconcebible sin el componente cósmico en forma de sistemas militares satelitales y de sistema de respaldo.

Resumiendo, el código sobre accidentes de tránsito espaciales es indispensable complementar con un capítulo ponderable que prohíba la militarización del espacio sideral. Pero, Hillary Clinton evitó hablar justamente de ello... por algo será.
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