La nave espacial Euclid de la ESA despegó en un cohete SpaceX Falcon 9 desde la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral en Florida, EE. UU., a las 17:12 CEST del 1 de julio.
Para ello, el telescopio observará miles de millones de galaxias hasta distancias de diez mil millones de años luz, midiendo de forma precisa la posición y las formas de las galaxias en luz visible e infiriendo en sus distancias, según ha indicado el Instituto de Astrofísica (IAC) en un comunicado.
Observando el universo más allá de nuestra galaxia, Euclid tratará de desentrañar los misterios de la red cósmica, así como la forma en la que la materia oscura invisible y la energía oscura influyen en la estructura y el curso del cosmos.
La materia en el universo está dispuesta en forma de una enorme red con una estructura semejante a una «telaraña cósmica». Esta red está formada por enormes cúmulos de galaxias conectadas entre sí por hilos de gas y materia oscura invisible. Entre ellas se extienden gigantescas regiones vacías denominadas «vacíos cósmicos». La investigación de esta red cósmica resulta difícil debido a su gran tamaño, ya que contiene vacíos cósmicos de cientos de millones de años luz de diámetro.
Aquí está de pie en una sala especial en las instalaciones de pruebas de Thales Alenia Space en Cannes, Francia, donde se sometió con éxito a pruebas de compatibilidad electromagnética.
Este tipo de prueba es una rutina para las naves espaciales. Todos los aparatos electrónicos emiten alguna forma de ondas electromagnéticas que pueden causar interferencia con otros dispositivos. Piense en el zumbido que emiten los altavoces justo antes de una llamada entrante en un teléfono móvil. Los componentes electrónicos de las naves espaciales pueden causar interferencias similares, pero en el espacio tales interferencias pueden tener consecuencias desastrosas, por lo que todos los sistemas deben verificarse antes del lanzamiento.
Aquí se muestra el módulo de carga útil, que contiene el telescopio y los instrumentos científicos.