Se suele decir que la ciencia avanza a hombros de gigantes, una metáfora popular que el propio Isaac Newton utilizó y que describe cómo el conocimiento progresa sobre los descubrimientos previos. Cuando en julio de 2012 se confirmó la existencia del bosón de Higgs en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), el llamado Modelo Estándar recibía un gran espaldarazo, pero el nuevo hallazgo abría un enorme y jugoso campo de investigación en el que muchos físicos trabajarán durante décadas, tal vez siglos. Ahora que el británico Peter Higgs y el belga François Englert ya tienen su Nobel de Física, se han convertido en auténticos gigantes sobre cuyos hombros empiezan a elaborarse nuevas visiones del universo.
