Un disco protoplanetario visto de canto es, para la astronomía, lo más parecido a abrir una ventana lateral a la cocina donde se preparan los planetas. Eso es lo que ha explotado un equipo internacional liderado por la investigadora húngara Ágnes Kóspál (Instituto de Astronomía Konkoly Miklós Thege, HUN REN) al publicar el primer mapa detallado de las capas moleculares del disco apodado “Platillo Volador” (Flying Saucer) gracias a observaciones del sistema de antenas ALMA en Chile.Un disco protoplanetario visto de canto es, para la astronomía, lo más parecido a abrir una ventana lateral a la cocina donde se preparan los planetas. Eso es lo que ha explotado un equipo internacional liderado por la investigadora húngara Ágnes Kóspál (Instituto de Astronomía Konkoly Miklós Thege, HUN REN) al publicar el primer mapa detallado de las capas moleculares del disco apodado “Platillo Volador” (Flying Saucer) gracias a observaciones del sistema de antenas ALMA en Chile.
Un disco protoplanetario visto de canto es, para la astronomía, lo más parecido a abrir una ventana lateral a la cocina donde se preparan los planetas. Eso es lo que ha explotado un equipo internacional liderado por la investigadora húngara Ágnes Kóspál (Instituto de Astronomía Konkoly Miklós Thege, HUN REN) al publicar el primer mapa detallado de las capas moleculares del disco apodado “Platillo Volador” (Flying Saucer) gracias a observaciones del sistema de antenas ALMA en Chile.
El objeto, en la constelación de Ofiuco, debe su sobrenombre a su geometría extrema. Desde la Tierra se aprecia casi exactamente “de canto”, con una franja oscura de polvo que separa dos lóbulos más brillantes en luz visible, una firma clásica de los discos muy inclinados. Ese encaje convierte al “Platillo Volador” en un laboratorio privilegiado porque permite medir no solo “qué” moléculas hay, sino también “a qué altura” se sitúan sobre el plano medio del di
La mayoría de discos se observan con inclinaciones moderadas, lo que dificulta separar químicamente capas superpuestas. En cambio, en un sistema casi de perfil, la luz milimétrica atraviesa regiones distintas y hace posible una lectura “tomográfica” del gas y del polvo. Esa es la base del trabajo, descrito como un estudio de estratificación molecular en el “Flying Saucer”, un objeto joven en la región de formación estelar de Rho Ophiuchi.
Como contexto adicional, este disco se asocia a la joven estrella 2MASS J16281370 2431391, citada en materiales divulgativos oficiales de ALMA y ESO sobre el mismo objeto
El mapa químico en 3D y el termómetro que baja hasta 20 kelvin
El equipo ha cartografiado más de una docena de moléculas (con átomos de hidrógeno, carbono, nitrógeno, oxígeno y azufre) y ha estimado su distribución radial y su altura dentro del disco. El resultado no es una simple lista de especies, sino un retrato de “capas” con temperaturas que descienden hasta unos menos 253 grados, cerca de 20 kelvin, en zonas profundas y frías.
Ese frío extremo importa por un motivo concreto. En discos protoplanetarios, cuando la temperatura cae por debajo de ciertos umbrales, muchas moléculas pasan a estado sólido y se depositan como hielos sobre granos de polvo. En la teoría dominante, ese recubrimiento favorece que las partículas se “peguen” y crezcan, un paso esencial para fabricar agregados mayores que, con el tiempo, pueden desembocar en planetesimales y planetas. El mapa, por tanto, permite ubicar con más precisión las regiones donde la química se vuelve sólida y cambia el tipo de material disponible para construir mundos.
Entre los indicios destacados figura también la concentración, en capas profundas, de moléculas con hidrógeno pesado(deuterio), un comportamiento que la teoría predecía y que ahora aparece respaldado por la estratificación observada.
Kóspál resume la relevancia en términos de química y condiciones físicas. “Este es un gran avance en la comprensión de cómo se forman los sistemas planetarios alrededor de estrellas como nuestro Sol”, afirma en el comunicado del instituto
Qué cambia para los modelos de formación planetaria
La aportación no es solo visual. Un mapa vertical de moléculas ofrece restricciones directas para los modelos que intentan explicar la estructura térmica del gas, la densidad y la interacción entre radiación estelar, polvo y química. En términos prácticos, reduce la ambigüedad habitual al inferir dónde están las líneas de nieve (las fronteras a partir de las cuales el agua, el monóxido de carbono u otras especies se congelan) y cómo se reorganiza el inventario químico entre superficie, capas intermedias y plano medio.
En otras palabras, el “Platillo Volador” deja de ser solo una imagen icónica y se convierte en una referencia para calibrar qué esperamos ver en discos menos favorables geométricamente. ALMA, diseñado precisamente para estudiar gas y polvo en escalas planetarias, lleva años mostrando anillos, huecos y asimetrías en discos. Este resultado se suma al esfuerzo por conectar morfología y química con un detalle creciente.
https://ecoticias.com/hoyeco/una-astronoma-hungara-cartografia-el-platillo-volador-y-localiza-las-zonas-de-hielo-donde-empiezan-a-nacer-los-planetas/32192/
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