lunes, 26 de enero de 2026

Científicos idean una forma de rastrear la basura espacial cuando cae a la Tierra

 

El análisis de la trayectoria de la nave espacial china Shenzhou-15 tras su reingreso a la atmósfera el 2 de abril de 2024 reveló que el módulo, con un peso superior a las 1,5 toneladas y un diámetro aproximado de 1 metro (3,5 pies), se desplazó a unos 40 kilómetros al norte de la ruta anticipada por el Comando Espacial de Estados Unidos, según informaron investigadores involucrados en el estudio. Este cálculo se basó en datos recogidos por 127 sismómetros situados al sur de California y permitió reconstruir el recorrido, la velocidad y la altitud del fragmento, aspectos que permiten precisar su dirección y estimar el lugar de caída, informó la revista Science.

La publicación especializada detalló que un equipo internacional encabezado por la Universidad Johns Hopkins desarrolló un nuevo método que utiliza redes sísmicas existentes, empleadas originalmente para detectar terremotos, con el objetivo de rastrear restos de basura espacial en fase de reingreso. Esta técnica genera información detallada y casi en tiempo real sobre la trayectoria y características de los desechos, lo que supone una mejora respecto a los sistemas de vigilancia actuales, reportó Science.

De acuerdo con el artículo, la creciente frecuencia de reingresos de objetos artificiales orbitales genera preocupación por los posibles daños tanto para personas como para entornos naturales. El autor principal de la investigación, Benjamin Fernando, quien estudia terremotos en la Tierra y en otros planetas desde la Universidad Johns Hopkins, afirmó que varios satélites entraron en la atmósfera cada día durante el año anterior y que, en la mayoría de esos casos, no se dispone de información independiente que precise el momento, lugar exacto o las consecuencias de la desintegración.

El estudio ilustra cómo los objetos que caen a la atmósfera terrestre a velocidades superiores a la del sonido provocan explosiones sónicas, generando ondas de choque semejantes a las de aviones militares. Estas vibraciones alcanzan el suelo y activan sismómetros en su ruta, permitiendo mapear el trayecto de los fragmentos desde el espacio hasta la superficie. Mediante la interpretación de la intensidad y naturaleza de las señales sísmicas, los investigadores pudieron determinar detalladamente tanto el proceso de fragmentación del módulo espacial como su altitud en cada etapa de la caída.

El análisis también indicó que el módulo espacial viajaba entre Mach 25 y Mach 30, es decir, aproximadamente de 30.600 a 36.700 kilómetros por hora, velocidad unas diez veces mayor que la del avión a reacción más veloz existente. El trayecto del módulo abarcó zonas como Santa Bárbara y Las Vegas y el estudio permitió relacionar los datos sísmicos con la información obtenida por el radar militar estadounidense, mostrando la complementariedad de ambos métodos para confirmar la ruta real de los escombros.

Según especificó Science, rastrear los escombros no solo favorece la localización precisa de los objetos caídos, también ofrece datos cruciales para evaluar el riesgo asociado a la dispersión de partículas tóxicas generadas durante el reingreso. En algunos casos, los materiales desprendidos pueden permanecer en la atmósfera durante horas y viajar largas distancias impulsados por los vientos, con el consiguiente peligro para la salud pública y el medioambiente. Identificar rápidamente el lugar de aterrizaje de restos resulta aún más relevante cuando los componentes contienen sustancias peligrosas o elementos radiactivos.

El estudio citó antecedentes recientes como la aparición de plutonio artificial detectado en un glaciar en Chile, atribuido a posibles restos de la misión rusa Mars 96 de 1996. En aquel caso, se creyó en un primer momento que el material radiactivo se había quemado completamente en la atmósfera, pero una contaminación posterior evidenció lo contrario. La existencia de herramientas capaces de rastrear trayectorias reales permitiría reducir incertidumbres y planificar con mayor eficacia las respuestas ante emergencias.

Anteriormente, la vigilancia se basaba fundamentalmente en el seguimiento por radar de la desintegración de los objetos en órbita baja. Los investigadores señalaron que este método puede presentar errores de cálculo de miles de kilómetros al predecir el lugar y el momento del reingreso. Por ese motivo, la integración de los datos sísmicos con los de radar reduciría los márgenes de error y proporcionaría a las autoridades tiempo suficiente para activar protocolos de seguridad y recuperación de restos.

Benjamin Fernando declaró: “Si quieres ayudar, es importante que averigües dónde ha caído rápidamente, en 100 segundos en lugar de 100 días”. Por su parte, Constantinos Charalambous, coautor del estudio y miembro del Imperial College de Londres, colaboró en la adaptación de los registros sísmicos para su uso en la reconstrucción de trayectorias espaciales.

Science concluyó que el avance de este método representa un paso hacia el fortalecimiento de la vigilancia y respuesta ante riesgos asociados a los desechos espaciales. Los investigadores consideran esencial el desarrollo de nuevas técnicas de detección, dada la creciente cantidad de objetos artificiales desintegrándose en la atmósfera y el consiguiente incremento de amenazas a la seguridad pública y ambiental.https://www.infobae.com/america/agencias/2026/01/22/cientificos-idean-una-forma-de-rastrear-la-basura-espacial-cuando-cae-a-la-tierra/

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