Un nuevo instrumento, acoplado al telescopio de 12 metros APEX (Atacama Pathfinder Experiment), instalado a 5.000 metros sobre el nivel del mar, en la Cordillera de los Andes (Chile), está abriendo una ventana a un universo previamente inexplorado. SEPIA (siglas de Swedish–ESO PI receiver for APEX ) detecta las débiles señales del agua y de otras moléculas dentro de la Vía Láctea, en otras galaxias cercanas y en el universo temprano.
Instalado en APEX a principios de este año, el instrumentos SEPIA [1] es sensible a la luz con longitudes de onda de entre 1,4 y 1,9 milímetros [2]. Las excepcionales condiciones de observación que ofrece la meseta de Chajnantor, un lugar extremadamente seco en el norte de Chile, implican que, aunque el vapor de agua de la atmósfera bloquee la luz en la mayoría de los lugares en la tierra, SEPIA es capaz de detectar esas débiles señales procedentes del espacio.
