A finales del mes pasado, una pequeña fuga de aire puso en alerta a los astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS). Algo había causado un agujero haciendo que la presión disminuyera y la nave comience a perder oxígeno. La situación era delicada.
Los seis astronautas a bordo no corrían peligro inminente, pero localizar el origen de la fuga era un asunto de máxima prioridad. La tripulación estadounidense pasó al segmento ruso y selló todos los compartimentos uno por uno. Luego de algunas horas, se descubrió un agujero de dos milímetros en el segmento ruso.
