El futurista turismo de las estrellas ya está aquí y se practica a ras de tierra, mirando al cielo nocturno cuando es «certificadamente» nítido y transparente y está oscuro y despejado. La Fundación «Starlight» para la protección de la oscuridad que nos permite ver las estrellas, defiende desde España este derecho como patrimonio universal común y atractivo turístico, la última frontera para la evasión terrenal, la ensoñación y la ciencia. A la luz, dicen, los astros no se perciben, por lo que reclaman la oscuridad de la noche como un «derecho inalienable», ante la amenaza de la creciente contaminación lumínica.