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| Detalle de la superficie del cometa 67P, donde se observa un chorro de polvo y hielo, tomada por la cámara Osiris a bordo de la misión Rosetta en julio de 2017. Crédito: ESA, Rosetta, MPS, OSIRIS; UPD/LAM/IAA/SSO/INTA/UPM/DASP/IDA. |
Sabemos que todos los cuerpos sólidos del universo, bien sean planetas, cometas o asteroides, se forman de pequeño a grande: minúsculas partículas de polvo se van agregando para dar lugar a objetos cada vez mayores. Pero, ¿cómo eran las semillas con las que comenzó el proceso, y que miles de millones de años después dieron lugar a la Luna, a Venus, o al suelo que pisamos? La respuesta puede hallarse en los cometas, que constituyen los objetos menos procesados del Sistema Solar y, por lo tanto, son testigos de cómo era la nebulosa primigenia. Ahora un estudio muestra que sus semillas eran partículas muy porosas y del tamaño de milímetros, un escenario distinto al contemplado hasta ahora.