Las enanas marrones enturbian una clara distinción entre estrellas y planetas, poniendo en entredicho la comprensión establecida de esos cuerpos y las teorías de su formación.
Varios equipos de investigación utilizarán Webb para explorar la naturaleza misteriosa de las enanas marrones, buscando una idea de la formación de estrellas y las atmósferas de exoplanetas, y del borroso territorio en el que se encuentra la enana marrón. Trabajos anteriores con Hubble, Spitzer y ALMA han demostrado que las enanas marrones pueden ser hasta 70 veces más masivas que los gigantes gaseosos como Júpiter, sin embargo, no tienen suficiente masa para que sus núcleos quemen combustible nuclear e irradien luz estelar. Aunque las enanas marrones fueron teorizadas en la década de 1960 y confirmadas en 1995, no hay una explicación aceptada de cómo se forman: como una estrella, por la contracción del gas, o como un planeta, por la acumulación de material en un disco protoplanetario. Algunos tienen una relación de compañía con una estrella, mientras que otros se quedan solos en el espacio.
