Los acontecimientos que rodean el Big Bang fueron tan catastróficos que dejaron una huella indeleble en el tejido del cosmos.
Podemos detectar estas cicatrices hoy mediante la observación de la luz más antigua del universo. Ya que fue creado hace casi 14 millones de años, esta luz - que existe ahora como débil radiación de microondas y se llama así el fondo cósmico de microondas (CMB) - impregna todo el cosmos, llenándolo de fotones detectables.
