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| Ilustración de GJ 1132b. | Imagen de MPIA. |
Y a este respecto, teniendo como objetivo acertar en un planeta con muy serias y plausibles posibilidades de vida inteligente, las flechas cada vez van acercándose más al blanco, pero todavía sin conseguir un tiro limpio en el centro. Hace algo más de un mes saltaba una noticia que todos los medios recogían con excesivo entusiasmo, gracias al astuto márketing de la NASA que, por otra parte, no era la responsable del descubrimiento. Los siete planetas de la estrella TRAPPIST-1, algunos de ellos templados y posiblemente habitables, se presentaban casi como una probable flecha en el blanco. Incluso Google publicó uno de sus doodles saludando a nuestros nuevos amigos en el espacio.
Pero de inmediato el Instituto SETI (uno de los centros que buscan señales tecnológicas de vida inteligente en el universo) se apresuró a aclarar que su observación de TRAPPIST-1 no había detectado ninguna señal. Yo expuse aquí mis razones por las que no creía que aquel sistema fuera el gran hallazgo que estábamos esperando. Y desde entonces, las expectativas sobre TRAPPIST-1 no han hecho más que desinflarse.
