Un estudio revolucionario con datos de los telescopios Gaia y Hubble reduce al 2% la probabilidad de colisión entre Andrómeda y la Vía Láctea en los próximos cinco mil millones de años, desafiando la narrativa que por décadas se consideró inevitable.
Durante años, los astrónomos contemplaron un futuro lejano en el que el cielo nocturno sería testigo de un evento titánico: la colisión de nuestra galaxia con su vecina más cercana, Andrómeda. Una danza cósmica de proporciones apocalípticas que, según las estimaciones tradicionales, ocurriría dentro de unos 4.500 millones de años.Sin embargo, la ciencia avanza, y con ella la forma en que interpretamos nuestro destino en el cosmos. Un nuevo estudio internacional, liderado por el Dr. Till Sawala de la Universidad de Helsinki y publicado en Nature, sugiere que ese escenario ya no es tan probable como se pensaba.