jueves, 5 de febrero de 2026

Expertos debaten sobre cómo evitar que el espacio pueda ser un entorno hostil para la reproducción humana

 

La acelerada automatización en las tecnologías de reproducción asistida y la facilidad con la que pueden adaptarse a situaciones extremas reflejan un avance sin precedentes, según recoge la revista 'Reproductive Biomedicine Online' en un reciente estudio colaborativo firmado por investigadores de la NASA y especialistas internacionales. Este informe enfatiza la urgencia de establecer un marco de acción para resolver los vacíos científicos y éticos que surgen ante la posibilidad real de reproducción humana fuera del planeta, un asunto que ya no se percibe como una hipótesis de ciencia ficción, sino como una preocupación práctica impulsada por el aumento de las misiones espaciales y la extensión de las estadías en el espacio.

El análisis, detallado por el medio, surge en un contexto donde los vuelos espaciales comerciales han pasado de ser un proyecto a futuro a convertirse en una realidad frecuente, lo que convierte los desafíos de la salud reproductiva en el espacio en una prioridad ineludible. Los nueve autores del estudio, cuya publicación fue resaltada por Reproductive Biomedicine Online, representan disciplinas como la medicina aeroespacial, la salud reproductiva y la bioética, y plantean la necesidad de colaboración internacional para definir criterios y procedimientos reproducibles y éticos que orienten futuras investigaciones sobre fertilidad y embarazo en condiciones extraterrestres.

El embriólogo clínico Giles Palmer, citado por el medio, rememora que hace más de medio siglo dos hitos científicos trastocaron los límites de lo posible: la llegada del ser humano a la Luna y la implementación de la fertilización in vitro. En la actualidad, Palmer subraya que ambas revoluciones confluyen en la práctica diaria, dado que mientras el espacio se consolida como un entorno habitual de trabajo, las tecnologías reproductivas adquieren mayor sofisticación, portabilidad y accesibilidad. El informe, según la publicación, no promueve la concepción en entornos espaciales, sino que advierte sobre los riesgos asociados y la necesidad de cerrar brechas en el conocimiento y en la normativa ética antes de que ocurran incidentes irreversibles relacionados con la salud reproductiva de los viajeros espaciales.Hasta el momento, los antecedentes científicos respecto a la reproducción humana fuera de la Tierra son limitados y provienen principalmente de estudios de laboratorio y observaciones realizadas en misiones espaciales anteriores. Según destaca Reproductive Biomedicine Online, el espacio representa un ecosistema adverso para la biología humana, dado que factores como la microgravedad, la radiación cósmica y la alteración de los ciclos circadianos afectan directamente los procesos fisiológicos involucrados en la fertilidad y la gestación. Modelos animales han evidenciado que exposiciones breves a radiación en el espacio afectan negativamente los ciclos menstruales de hembras y aumentan el riesgo de cáncer, pero aún se dispone de pocos datos confiables sobre los efectos acumulativos de esta exposición en la fertilidad masculina o en la salud reproductiva tras estancias prolongadas en el espacio.

El vacío más significativo señalado por los autores del estudio, según reporta la publicación, reside en la falta de evidencia sobre las consecuencias a largo plazo de la radiación espacial y la gravedad cero sobre la capacidad reproductiva de astronautas, tanto hombres como mujeres. Las estadísticas disponibles hasta ahora provienen principalmente de misiones a bordo del transbordador espacial y apuntan a tasas de embarazo y complicaciones posteriores en mujeres astronautas similares a las observadas en población terrestre de la misma edad. No obstante, todavía se dispone de escasa información referente a las consecuencias de misiones de larga duración o sobre los efectos en los varones.El estudio remarca que el embarazo se mantiene como una contraindicación para los vuelos espaciales y que frecuentemente se recurre a métodos hormonales para suprimir la menstruación durante esas misiones. Sin embargo, informes recientes revisados por la revista científica puntualizan cómo las herramientas desarrolladas para la fertilización asistida y la criopreservación comienzan a alinearse con los requisitos operativos propios de las investigaciones reproductivas que se realizan fuera del planeta.

Palmer sostiene, conforme a lo recogido por Reproductive Biomedicine Online, que el potencial de la reproducción asistida se ha demostrado al expandirse rápidamente más allá de los contextos extremos que originaron esas innovaciones. La tecnología se muestra adaptable y transferible, permitiendo posibilidades de reproducción allí donde factores biológicos, ambientales, temporales o sociales imponen barreras, restricciones ya comunes en la Tierra y, ahora, potencialmente aplicables también al espacio.

El escenario de embarazos humanos en el espacio, aunque todavía ajeno a la realidad cotidiana, plantea de inmediato desafíos éticos sobre la veracidad de la información que debe entregarse a los astronautas embarazados y sobre los análisis genéticos a los que podrían someterse los embriones en desarrollo. Los expertos advierten que la ciencia centrada en la biología reproductiva irá expandiendo su presencia en los programas espaciales, y esto exigiría políticas claras y transparentes, campo en el que, según el informe citado, todavía faltan consensos internacionales y normas ampliamente compartidas.

De acuerdo con el trabajo divulgado por la revista y reportado por la NASA, la falta de protocolos firmes en investigación y experimentación reproductiva pone en evidencia la urgencia de definir límites antes de que los hechos se impongan por sí solos, dejando zonas grises tanto en la protección de la salud como en la prevención de conflictos éticos y legales. Giles Palmer recalca que asumir que las técnicas avanzadas de reproducción asistida sólo pertenecen al terreno especulativo sería un error, porque ya forman parte del instrumental médico cotidiano gracias a su madurez y fácil adaptación, lo que las convierte en opciones realistas ante el aumento de misiones espaciales de larga duración.

El informe insiste en que el paso hacia una presencia humana sostenida más allá de la Tierra transforma el debate sobre fertilidad y embarazo en espacio en una cuestión de gestión operativa más que de especulación. La aplicación gradual, a menudo poco visible, de tecnologías reproductivas en contextos extremos demuestra la necesidad de una anticipación responsable en la gestión y gobernanza de esos procesos. La advertencia central del documento, recogida por Reproductive Biomedicine Online, indica que demorar decisiones reguladoras equivale a declinar la responsabilidad de proteger a posibles generaciones futuras.

Fathi Karouia, investigador científico de la NASA y autor principal del estudio, enfatiza que el incremento de la actividad humana más allá de la atmósfera terrestre demanda el abandono de la indiferencia institucional sobre la salud reproductiva y obliga a forjar alianzas internacionales que cierren preparados vacíos en la evidencia científica y en la elaboración de lineamientos éticos. Karouia concluye en la revista: “Se necesita urgentemente colaboración internacional para cerrar brechas críticas de conocimiento y establecer directrices éticas que protejan tanto a los astronautas profesionales como a los privados, y, en última instancia, salvaguarden a la humanidad a medida que avanzamos hacia una presencia sostenida más allá de la Tierra”.https://www.infobae.com/america/agencias/2026/02/04/expertos-debaten-sobre-como-evitar-que-el-espacio-pueda-ser-un-entorno-hostil-para-la-reproduccion-humana/

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