Un millar de heridos y un susto descomunal. El causante: un asteroide de unos 17 metros de diámetro y 10.000 toneladas cuya entrada en la atmósfera sobre los Urales, en Rusia, no pudo ser prevista por los sistemas de alerta de los que disponen organismos como la NASA. Lo ocurrido en la ciudad de Chelyabinks ha sido, desde luego, algo excepcional, pero la agencia espacial estadounidense, investigadores de universidades y grupos privados lo consideran una lección. Todos ellos trabajan en diferentes sistemas de alertas de asteroides para detectar detectar objetos que lleguen del espacio del tamaño del ruso, pequeños pero peligrosos.
Eventos como el de la semana pasada en Rusia, ocurridos en una zona poblada y con heridos, son raros. «Esperamos que un evento de esta magnitud se produzca una vez cada 100 años como promedio», apunta Paul Chodas, del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra (NEOs, por sus siglas en inglés) en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena, California.
