Se han necesitado doce años de cálculos, simulaciones, construcciones y pruebas para llegar al lanzamiento de la segunda versión del Solar Impulse, el único avión preparado para viajar alrededor del mundo con energía solar. El reto es difícil: volar sin combustible, con un solo piloto y durante cinco días con sus noches sobre los océanos de un continente a otro.
“Cuando tuve la idea de este proyecto, los únicos aviones que podían volar así eran algunos prototipos de 4 metros y 50 gramos de carga. Necesitábamos tener la envergadura de un Jumbo y la masa de un automóvil: cada gramo es un peso para nosotros”, explicó esta semana en Madrid Bertrand Piccard, el promotor del proyecto y piloto de la nave.
