Una nueva imagen, obtenida por el telescopio APEX (Atacama Pathfinder Experiment), en Chile, nos permite contemplar las hermosas nubes de polvo cósmico en la región de Orión. Mientras que estas densas nubes interestelares parecen oscuras en las observaciones realizadas en luz visible, la cámara LABOCA, instalada en el telescopio APEX, puede detectar el resplandor de calor que emana del polvo, revelando los lugares ocultos en los que se están formando nuevas estrellas. Pero una de esas nubes oscuras no es lo que parece.
Mostrando entradas con la etiqueta APEX (Atacama Pathfinder Experiment). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta APEX (Atacama Pathfinder Experiment). Mostrar todas las entradas
miércoles, 23 de enero de 2013
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Los compañeros helados de APEX
El telescopio APEX (Atacama Pathfinder Experiment) — que podemos ver en esta impactante imagen tomada por el Fotógrafo embajador de ESO Babak Tafreshi — es una de las herramientas utilizadas por ESO para penetrar más allá del reino de la luz visible. Se encuentra en el Llano de Chajnantor, a una altitud de 5.000 metros.
Al fondo de la imagen pueden verse grupos de penitentes blancos. Los penitentes son curiosos fenómenos naturales que se dan en regiones de gran altitud, normalmente a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar. Son finos picos de nieve o hielo endurecidos, con una especie de hojas que apuntan al Sol, y que pueden medir desde unos pocos centímetros hasta varios metros. APEX es un telescopio de 12 metros de diámetro que observa la luz en longitudes de onda milimétricas y submilimétricas. Los astrónomos que observan con APEX pueden ver fenómenos que serían invisibles en longitudes de onda más cortas. Este telescopio les permite estudiar nubes moleculares — las densas regiones de gas y polvo cósmico en las que nacen nuevas estrellas — que son oscurecidas por el polvo en los rangos visible o infrarrojo, pero que brillan en estas longitudes de onda relativamente más largas. Los astrónomos utilizan esta luz para estudiar las condiciones químicas y físicas que se dan en las nubes. Este rango de la luz también es ideal para estudiar algunas de las galaxias más tempranas y distantes del universo.
Arriba y a la izquierda, sobre APEX, el cielo nocturno nos regala, respectivamente, las débiles manchas de la Pequeña y la Gran Nube de Magallanes, galaxias vecinas de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea. De hecho puede verse el propio plano de la Vía Láctea como una banda difusa atravesando el cielo, más prominente en la zona que se encuentra encima del edificio de control de APEX, a la derecha. Los espacios oscuros, parecidos a parches, que hay en la banda, son regiones en las que la luz de las estrellas distantes ha sido bloqueada por el polvo interestelar. Escondidas tras esos senderos oscuros de polvo, se encuentra el centro de la Vía Láctea, a una distancia de unos 27.000 años luz. Telescopios como APEX son herramientas cruciales para los astrónomos observar a través del polvo y estudiar en detalle el centro de nuestra galaxia.
APEX es una colaboración entre el Instituto Max Planck de Radio Astronomía (MPIfR), el Observatorio Espacial de Onsala (OSO) y ESO. Las operaciones de APEX en Chajnantor han sido encomendadas a ESO.http://www.eso.org/ leer mas
Al fondo de la imagen pueden verse grupos de penitentes blancos. Los penitentes son curiosos fenómenos naturales que se dan en regiones de gran altitud, normalmente a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar. Son finos picos de nieve o hielo endurecidos, con una especie de hojas que apuntan al Sol, y que pueden medir desde unos pocos centímetros hasta varios metros. APEX es un telescopio de 12 metros de diámetro que observa la luz en longitudes de onda milimétricas y submilimétricas. Los astrónomos que observan con APEX pueden ver fenómenos que serían invisibles en longitudes de onda más cortas. Este telescopio les permite estudiar nubes moleculares — las densas regiones de gas y polvo cósmico en las que nacen nuevas estrellas — que son oscurecidas por el polvo en los rangos visible o infrarrojo, pero que brillan en estas longitudes de onda relativamente más largas. Los astrónomos utilizan esta luz para estudiar las condiciones químicas y físicas que se dan en las nubes. Este rango de la luz también es ideal para estudiar algunas de las galaxias más tempranas y distantes del universo.
Arriba y a la izquierda, sobre APEX, el cielo nocturno nos regala, respectivamente, las débiles manchas de la Pequeña y la Gran Nube de Magallanes, galaxias vecinas de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea. De hecho puede verse el propio plano de la Vía Láctea como una banda difusa atravesando el cielo, más prominente en la zona que se encuentra encima del edificio de control de APEX, a la derecha. Los espacios oscuros, parecidos a parches, que hay en la banda, son regiones en las que la luz de las estrellas distantes ha sido bloqueada por el polvo interestelar. Escondidas tras esos senderos oscuros de polvo, se encuentra el centro de la Vía Láctea, a una distancia de unos 27.000 años luz. Telescopios como APEX son herramientas cruciales para los astrónomos observar a través del polvo y estudiar en detalle el centro de nuestra galaxia.
APEX es una colaboración entre el Instituto Max Planck de Radio Astronomía (MPIfR), el Observatorio Espacial de Onsala (OSO) y ESO. Las operaciones de APEX en Chajnantor han sido encomendadas a ESO.http://www.eso.org/ leer mas
jueves, 16 de febrero de 2012
APEX vuelve su mirada hacia las nubes oscuras de Tauro
Una nueva imagen del telescopio APEX (Atacama Pathfinder Experiment), situado en Chile, muestra un sinuoso filamento de polvo cósmico de una longitud de más de diez años luz. En su interior, se ocultan estrellas recién nacidas junto con densas nubes de gas que, al borde del colapso, acabarán formando a su vez nuevas estrellas. Es una de las regiones de formación estelar más cercana a nosotros. Los granos de polvo cósmico están tan fríos que son necesarias observaciones de alrededor de un milímetro (como las llevadas a cabo por el instrumento LABOCA, instalado en el telescopio APEX) para detectar su débil brillo a Nube Molecular de Tauro, en la constelación de Tauro (El Toro), se encuentra a unos 450 años luz de la Tierra. Esta imagen muestra dos partes de una larga estructura filamentosa en esta nube, conocidas como Barnard 211 y Barnard 213. Se llaman así en honor al atlas fotográfico de Edward Emerson Barnard, “Sobre las zonas oscuras del cielo” (On the dark markings of the sky), compilado a principios del Siglo XX. En luz visible, esas regiones aparecen como senderos oscuros, pobres en estrellas. Barnard acertó al argumentar que este aspecto se debía a “material que provoca un oscurecimiento en el espacio”.
Hoy sabemos que esas marcas oscuras son en realidad nubes de gas y granos de polvo interestelar. Los granos de polvo — diminutas y finas partículas similares al hollín y la arena — absorben la luz visible, bloqueando nuestra visión del rico campo de estrellas que se oculta tras las nubes. La Nube Molecular de Tauro es especialmente oscura en longitudes de onda visibles, ya que carece de estrellas masivas que iluminen la nube tal y como ocurre en otras regiones de formación estelar como Orión. Los propios granos emiten un débil brillo pero, debido a que son extremadamente fríos (con temperaturas de alrededor de -260 grados Celsius) su luz solo puede verse en longitudes de onda mucho más largas que las de la luz visible: longitudes de alrededor de un milímetro (ver imagen eso1209b y la comparación al pasar el ratón sobre la imagen eso1209ea para ver cómo la visión en el rango milimétrico aparece brillante donde la visión en luz visible aparece oscura).
Estas nubes de gas y polvo no son solo un obstáculo para los astrónomos que desean observar las estrellas que se ocultan tras ellas. De hecho, son el lugar del nacimiento de nuevas estrellas. Cuando las nubes colapsan por su propia gravedad, se fragmentan, generando pequeñas condensaciones de gas en cuyo interior pueden formarse densos núcleos, dentro de los cuales, el hidrógeno en forma gaseosa se vuelve lo suficientemente denso y caliente como para iniciar reacciones de fusión: ha nacido una nueva estrella. El nacimiento de la estrella está rodeado por una densa capa de polvo que bloquea las observaciones en longitudes de onda visibles. Ese es el motivo por el cual las observaciones en longitudes de onda más largas, como el rango milimétrico, son esenciales para la comprensión de los estadios iniciales de formación estelar. http://observatori.uv.es leer mas
Hoy sabemos que esas marcas oscuras son en realidad nubes de gas y granos de polvo interestelar. Los granos de polvo — diminutas y finas partículas similares al hollín y la arena — absorben la luz visible, bloqueando nuestra visión del rico campo de estrellas que se oculta tras las nubes. La Nube Molecular de Tauro es especialmente oscura en longitudes de onda visibles, ya que carece de estrellas masivas que iluminen la nube tal y como ocurre en otras regiones de formación estelar como Orión. Los propios granos emiten un débil brillo pero, debido a que son extremadamente fríos (con temperaturas de alrededor de -260 grados Celsius) su luz solo puede verse en longitudes de onda mucho más largas que las de la luz visible: longitudes de alrededor de un milímetro (ver imagen eso1209b y la comparación al pasar el ratón sobre la imagen eso1209ea para ver cómo la visión en el rango milimétrico aparece brillante donde la visión en luz visible aparece oscura).
Estas nubes de gas y polvo no son solo un obstáculo para los astrónomos que desean observar las estrellas que se ocultan tras ellas. De hecho, son el lugar del nacimiento de nuevas estrellas. Cuando las nubes colapsan por su propia gravedad, se fragmentan, generando pequeñas condensaciones de gas en cuyo interior pueden formarse densos núcleos, dentro de los cuales, el hidrógeno en forma gaseosa se vuelve lo suficientemente denso y caliente como para iniciar reacciones de fusión: ha nacido una nueva estrella. El nacimiento de la estrella está rodeado por una densa capa de polvo que bloquea las observaciones en longitudes de onda visibles. Ese es el motivo por el cual las observaciones en longitudes de onda más largas, como el rango milimétrico, son esenciales para la comprensión de los estadios iniciales de formación estelar. http://observatori.uv.es leer mas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


