Princeton es una de esas ciudades de cuento. A medio camino entre Filadelfia y Nueva York, con sus 20.000 habitantes tiene el tamaño justo como para circular en bicicleta por las calles arboladas, entre casonas del siglo XVIII tapizadas con enredaderas de flores. O pasear a pie por la calle principal, con pequeños cafés y restaurantes, o por el amplio campus de una de las universidades más prestigiosas del mundo. En la calma de Princeton se respira ciencia y sabiduría: buena parte de los habitantes de esta ciudad son investigadores, científicos, profesores o estudiantes.
