La muerte de Eugene Gene Cernan, el último hombre que pisó la Luna, nos deja esa mezcla de nostalgia de lo vivido y de interrogante por lo que pudo haber sido. Algo que experimentamos cuando, tras mucho tiempo, tornamos a un antiguo escenario de nuestras vidas —una casa, una ciudad, una playa— al que no habíamos regresado. Nostalgia al recordar las sensaciones, e interrogante ante la inevitable pregunta de por qué o de si verdaderamente acertamos tomando la decisión de alejarnos de allí.
