En las últimas décadas, la astronomía ha experimentado una transformación impulsada por los avances en instrumentación, sensores y capacidades computacionales. Los telescopios terrestres y espaciales han comenzado a realizar estudios multiespectrales profundos que han generado enormes cantidades de datos. Las observaciones en diferentes longitudes de onda, las extensas series temporales y los catálogos con miles de millones de fuentes se han vuelto comunes en este campo.