Aceptémoslo. El tema "escudos" la cultura pop lo tiene dominado. Desde escudos de energía en Star Wars, el nen en el anime, el Honmoon de las guerreras K-Pop, el escudo de Wakanda, hasta el domo de Springfield en Los Simpson. Mil versiones… y solo un puñado de ellas que, científicamente, sí están haciendo el trabajo.
Podríamos citar a la capa de ozono —en su lucha activa contra lo ultravioleta— y al campo magnético, que no, no solo sirve para orientar brújulas. Hablemos del escudo invisible que envuelve a la Tierra, una especie de escudo de fuerza, que nos protege.
El campo magnético es un campo de fuerza invisible que se extiende miles de kilómetros al espacio y forma la magnetosfera, una especie de “escudo natural” que desvía la mayor parte del viento solar, protege la atmósfera, reduce la llegada de radiación energética y por el que ocurren fenómenos como las auroras.
Este campo ni es fijo, ni eterno, y ahora mismo está en uno de sus momentos más bajos. La idea suena inquietante, ¿verdad? Porque, ¿qué pasaría si ese escudo colapsara? ¿Se desatarían tormentas solares imparables? ¿El Sol se “acercaría” más a la Tierra? ¿Nos quedaríamos desprotegidos ante la radiación? O peor, ¿sin internet?